El circuito de la generosidad laboral
Se sabe de gente que ha preferido ganar menos con tal de trabajar en lo que le gusta o en un ambiente grato. La empresa, la oficina, la tienda, sea lo que sea, tiene para nosotros una enorme importancia. Allí, además de ganarnos el pan, probamos nuestra aptitud para las relaciones humanas y demostramos nuestras fuerzas y creatividad.
¿Es posible mejorar nuestro trabajo? No siempre. Depende de que todos los implicados, dueños y asalariados, jefes y empleados, inviertan en generosidad. Es cosa que alguien comience. La generosidad se contagia, jamás se la consigue a tirones. Me permito sugerir unas ideas.
En contra de la desconfianza, el “pelambre”, el “chaqueteo” y el “espinismo”, antes que la competitividad convierta en enemigos a los compañeros de trabajo, bien podría cualquiera de nosotros arriesgar algo en las relaciones humanas. ¿Qué cuesta un saludo cordial a los colegas? ¿Dar las gracias aunque parezca inútil? Un jefe no será menos jefe si pide las cosas por favor. Un empleado será aún más digno si pide perdón por sus errores. Qué agradable es trabajar donde la gente se expresa un respeto mayor que el acostumbrado.
La generosidad se muestra además en el trabajo hecho a conciencia. Abunda la gente que, por flojera o para que no se aprovechen de ella, trabaja “a la diabla” o “saca la vuelta”. Otros, en cambio, rompen el círculo de la mezquindad cuando, aunque no se reconozcan sus méritos, se entregan de cuerpo y alma a la pega. Estas personas, al poner en su oficio más amor del que nadie tiene derecho a exigirles, triunfan aunque parezcan perdedores. Haciendo bien las cosas, ellas benefician a los clientes, prestigian a la empresa y dignifican su propio nombre.
Por último, la generosidad también se prueba cuando a los empleados se paga más de lo que establece el mercado. Muchas veces los sueldos de mercado no son sueldos justos sino miserables. Son los patrones, los jefes, los que pudieran tener en mente pagar salarios superiores a los del mercado. ¿Y por qué no incluso mayores a lo justo? Donde los buenos sueldos sean parte de los objetivos de la empresa y no otro ítem de las pérdidas, allí realmente darán ganas de trabajar. A esas oficinas la gente llegará temprano y contenta. Por amor perdonará más fácilmente las rabietas del gerente y temerá menos mostrar debilidad a los colegas.
Nadie que encienda el circuito de la generosidad laboral saldrá perdiendo. Mientras más lo prefieran al circuito de la mezquindad, mejor.